domingo, octubre 30, 2005

Hace 20 años

Hace exactamente veinte años murió mi padre.Yo tenía 13 cuando ocurrió. Fue en Octubre, la madrugada del 27 de octubre. Dos días antes había sido ingresado al hospital y yo lo había visto por última vez con vida mientras era sacado de mi casa en una camilla. Ocho años antes él había comprado esa casa para mi.
Se había sentido mal unos días antes. En el hospital público lo encontraron bien. Para asegurarnos vimos otros médicos. Estos establecieron que estaba deshidratado, tenía un severo soplo cardíaco y un cuadro séptico... (maldigo la incompetencia de algunos).
Cuando se lo llevaban me sonrió y yo lo besé en la mejilla. El sonreía también. Al día siguiente yo supe que moriría. Una de esas intuiciones misteriosas sin origen definido. Alguien me dijo que no pensara eso, pero yo ya lo sabía. La noche de su muerte nos despertaron golpes en la puerta exterior de la casa. Mamá se levantó a abrir. Estaba oscuro; medio dormido sentí que me tocaban un brazo: era mi cuñado, desperté de súbito y no bien lo vi capté lo que pasaba. Pregunté y recuerdó sus palabras: "Falleció hace una hora". Mi mamá lloraba y yo me incorporé en la cama aturdido. Al amanecer acompañé a mi cuñado y un tío a la funeraria y escogimos un ataúd. Es uno de los más extraños trámites que me ha tocado realizar. El siguiente fue más extraño aún: ir a la morgue del hospital a retirar el cuerpo. Bajamos a una sala subterránea, entramos a una sala y prendieron las luces. Sobre una camilla metálica había un cuerpo cubierto con una sábana. Lo descubrieron. Era papá. Su rostro tenía una expresión beatífica. Parecía sonreír y tenía los ojos abiertos perdidos en el infinito. Su pelo ondulado, su cara tersa, sus ojos me parecían hermosos. Yacía quieto, como una imagen congelada. Lo vistieron; luego mientras veía como sellaban el cajón rompí a llorar. Llovía fuerte esa mañana. El velorio fue en el campo, en un pueblo cerca de Rancagua en el que había nacido. Fue en una casa vieja, de adobes, en la que funcionaba una cantina a la que los campesinos acudían regularmente a gastar su sueldo en vino tinto y ponches, para salir tambaleándose a desatar el caballo que amarraban en la puerta. Una vieja tía era la ama y señora. Tenía barriga, un delantal, trenzas cenicientas y un lunar peludo en la pera. Era re buena pal hueveo, me acuerdo, pero esa vez estaba triste y seria. Esta foto fue tomada en el patio de esa casa. Recuerdo mirar durante largo rato la imagen irreal de mi padre, con los ojos semicerrados, como si durmiese, inerte tras el vidrio del cajón, y tener la sensación de que en cualquier momento me haría un gesto de complicidad como solía hacerlo. No lo hizo. Al día siguiente el cortejo llegó hasta el pequeño cementerio del pueblo, que ocupaba la falda de un cerro al que se llegaba por un sendero de tierra. Allí lo dejamos y antes de que lo metieran en el nicho me dejaron mirarlo por última vez. Adios, papito...te quiero. Lloré.
Años antes, cuando recién empecé a fijar mis sentidos en el mundo, mi padre me arrastraba en un diminuto trineo por la nieve de un pueblo de mineros en las montañas. Yo miraba la nieve y vestía gorro de piel con orejas, abrigo y unos mitones de lana. Mi vieja me cuenta que cuando era un bebé, papá consiguió unos vellones de oveja que puso en mi cuna, y que se regocijaba de lo bien que me iban a sentar. "Va a dormir calientito el rotito!..." creo que decía. Cuando pude caminar me llevaba de la mano a todos lados y no había antojo que no se apurara en complacer. Me sentaba en la ventana del edificio y mirábamos la nieve y pasar la gente, con la que intercambiaba saludos amistosos, francos que me enseñaba a repetir y que celebraba que yo hiciese sin entender que significaban las palabras. Recuerdo su silueta recortada contra la luz del dormitorio en las madrugadas cuando salía al trabajo, a la calle, al mundo de "los grandes". Recuerdo sobre todo su amor. El hijo varón que siempre quiso llegó en su madurez, cuando contaba 52. Eramos cómplices..."gancho", me llamaba, con ese trato llano que vi desplegar tantas veces a sus camaradas. El mal de parkinson le fue transformando en un árbol retorcido, en un cuerpo rígido incapaz de valerse por sí solo. Sufría. Yo crecía y despertaba al mundo; él menguaba y según perdía independencia, su ánimo de vivir se resentía. La enfermedad le condenó a vivir confinado a un sillón, apretando una pelota de goma entre las manos como ejercicio inútil para aplazar el avance del mal, a tomar medicamentos permanentes, a la impotencia de tener que ser asisitido para cambiar de posición en la cama y a la humillación de no poder ir al baño solo. Le vi llorar varias veces a solas, consumido, sabiendo que su vida ya había pasado; me aferraba a él y le cubría de besos, en intentos desesperados por aliviar su pena. Dios no lo curó. Los médicos tampoco."¿Me quieres?" preguntaba; no sé por qué lo hacía. Supongo que se sentía un remedo del hombre que antes había sido, y su autoestima se había hecho pedazos... Yo lo amaba. Todavía lo amo. Murió cuando yo desperté a la vida. Su muerte se llevó mi niñez y me abrió la puerta de los años de juventud. Mejor que haya sido así. No era vida lo que le tocó sufrir esos años. Mi padre, mi pobre padre...
No vive, se fué; no está en ninguna parte. Ya no existe, excepto en mi memoria. Hace poco lo vi en un sueño y lo abrazé llorando de alegría; le dije que ya era un hombre, y que no lo había olvidado; y que me hizo falta su guía cuando recién me asomaba a mi vida de hombre, cuando falta la guía de alguien que sepa de qué está hecho el mundo. Ese sueño saldó una deuda de amor. Mi viejo bueno, quisiera haberte conocido mejor, haberte preguntado tantas cosas pendientes, haberme aprovechado más de tu experiencia....pero hoy estoy solo. Es así no más...

viernes, octubre 14, 2005

Infinita tristeza...

¿Por qué?...da lo mismo. Total, de aquí al lunes se me quita. Además, ni yo mismo lo tengo muy claro. Deben ser los años, la vida que pasa inexorablemente, la suma de los detalles. La noche inmensa y el enigma de sí mismo.
Filo. Qué pajero...
01:30 bajé al town y encontré todo feo aunque la noche está preciosa. Todo me parecía frívolo y superficial, aunque sepa que es lo mismo de siempre. Me comí un completo que estaba rico y me metí a un bar (Vienés) a tomar un trago. Estaba el mismo cantinero de siempre en la barra y más allá un par de pseudointelectuales conocidos. Pedí un ron con coca cola (super barato: Barceló a $1000), y en eso llegó un viejo que cuida autos afuera de la muni. Lo he visto haciendo gestos vagos, la maroma de ayudar a estacionar en un lugar que no requiere de sus servicios. Pero no me cae mal como la mayoría de sus colegas. Es un viejo inofensivo, no un maleante como la mayoría de esos patanes. "Es alcohólico" pienso; ¿quién toma a esta hora un trago en un bar sin hablar con nadie y luz opaca en los ojos, sino un alcohólico?. Se pone al lado mío y con voz baja pide lo suyo: vino tinto con coca cola...se lo traen y empinamos el vaso al mismo tiempo; tengo la sensación de que es un espejo y que soy yo mismo dentro de algunos años...¿Iré a terminar así?...doy vueltas el vaso, más allá Cuneo y Enrique hacen aspavientos a sus interlocutoras, que, para variar, están bastante bien. Pero hay algo falso en todo ello. Me ven, levanto la mano y saludo desganado. Pienso que el viejo al lado mío (que mira inexpresivo su vaso) es más de verdad que esa portada de revista. El ron baja por mi garganta y sabe dulce y caliente, aunque esté frío. El aroma a caña de azúcar sube por mi nariz. Pienso en P. Y recuerdo los buenos tiempos, cuando llegaba a su casa y siempre me esperaba con un trago, que compartíamos oyendo música. Doy vueltas mi vaso y los hielos giran ligeramente con la inercia. Siempre me gustó la física, aunque no entendía un carajo a partir de cierto punto. Las leyes que gobiernan la realidad y la materia son sencillas. El corazón humano no. Apuro mi trago. Salgo. La noche está fresca y hay luna. Camino y quiero oir alguna voz amiga. Llamo a Rojas. Contesta agarrándome para el hueveo, como es su costumbre. Me pregunta qué tal . Le cuento que estoy triste y que no sé bien por qué, que un velo de melancolía me cubre los ojos; se lo digo bromeando, pero él sabe que hablo en serio, y me contesta hueveando pero yo sé que habla en serio también. Es lo que nos queda: la risa es nuestro escudo y no es sabio tomarse muy en serio uno mismo. Me dice que está bien, que no espera nada más de este día y que se va a dormir; está satisfecho, y que yo debería guardarme también. Nos reímos mientras hablamos de otros temas sin dejar de bromear entremedio. Me hace reír, me hace sentir que siempre hay una sonrisa detrás de nuestras peores máscaras. Nos despedimos, me siento algo reconfortado y pienso en llegar a escribir sobre esta sensación de futilidad de todo que a veces tengo. Aquí estoy.

jueves, octubre 13, 2005

A mis amigas


"Tanto
salimos por las calles tanto
bebimos en los bares santos
de la ciudad
Y algo
me dice que perdimos algo
perdimos y ganamos algo
algo en verdad
Nada nos deja más
en soledad
que la alegría si se va..."

Fito Páez

domingo, octubre 09, 2005

viernes, octubre 07, 2005

Compañeros de viaje


Adios. Ha sido bueno conocernos después de tantos años de habernos conocido. Hemos tenido buenos momentos, y los malos, incluso, han sido buenos malos momentos; y nunca por diferencias: antes por interferencias. La vida es un viaje, y los caminos se juntan y con la misma naturalidad se bifurcan. A veces uno no lo advierte siquiera. Pasa tanta gente por la ventana de la propia vida. Solo algunos franquean la puerta y se sientan a comer, y menos aun nos libran de inventar excusas o nos obligan a la franqueza para despedirlos. Es extraña e inusual esta resonancia y esta fluidez...Bueno yo me despido ahora, es decir, empiezo a despedirme, para sentirme menos incómodo cuando haya que despedirse en serio, cuando haya que juntarse para despedirse. Así, ese día que ya está encima el adios será más simple y sin ceremonia, o mejor aun: imprevistamente no alcanzamos a juntarnos y fue. Si el futuro nos concede otros momentos, ojalá sean sin trabas ni obstáculos, sin rollos ni convidados de piedra; ojalá sean como en aquel breve ensayo sobre la felicidad. Es tan breve la vida y desperdiciamos tantos momentos..!
Buen viento.

De noche y en la semana...

¿Mirar el camino en un espejo no equivale a observar el pasado?...

viernes, septiembre 30, 2005

El veranito



Ya viene, ya se nos viene, ya llega!...Me gusta el verano!...Me gusta el sol sobre la piel, sobre todo con un buen paisaje por delante, buena compañía y una cerveza bien helada en la mano a cualquier hora del día. Los primeros veranos de mi vida los asocio al campo que era donde pasábamos las vacaciones con mi familia: largas hileras de álamos, duraznos debajo de los sauces a la orilla de las acequias, primos que andaban a pata pelá cazando lagartijas con crines de caballo y pájaros a hondazos e historias del Diablo que era un ser presente y ubicuo. Me acostaba temprano y dormía en piezas frescas de casas de adobe y oía gallinas y la radio al despertar. Cada día era levantarse para ir a descubrir el mundo arriba de los árboles o explorar el cerro buscando monstruos imaginarios. Después recuerdo la playa, recién descubierta a los siete años, el mar, y ya entonces intuí que íbamos a tener una relación estrecha. Jugamos incansablemente a que me persigue y yo arranco, y a que me marea mientras me quedo de pie en la orilla mirando la resaca en el suelo…eeeeeeeeehhhh!! (me marié…)
Más tarde fue de nuevo el campo a los 10 años en la casa de verano del tío Osmán, de Linares hacia las montañas; ya sabía nadar y comía moras todo el día (excepto los nublados que eran excelentes pa ir a buscar avellanas), y me bañaba en un río de aguas cristalinas y frías ¡Delicioso!. Ya a los 16 empezaron los viajes aventureros con los amigotes: con David por el litoral central, con dos amigos a una playa del sur: 12 días durmiendo debajo de un árbol arriba de una dunas y una borrachera con tinto y leche condensada tras una noche de pachanga con orquesta en la única quinta del pueblo…17 y notables paseos de fin de año con mis compinches a Pichilemu, más creciditos, cheleando la tarde, tasando las pollitas y volviendo al atardecer salados, mojados, con arena en el culo y sal y sol en la piel para llegar a la ducha fría y la once-comida que nos dejaba tonificados y al pie del cañón pal carrete de la noche…¡Cuántas conversaciones profundas!¡Cuántos momentos felices!¡Cuántas anécdotas y amores fugaces, hermosos por eso mismo: por que eran de fantasía y así se conservan en la memoria!...Mochileos al sur a los veintialgo, vegetación exuberante y lluvias que capeamos con melón y vino dentro de la carpa…carpas levantadas en las montañas, con fogatas a la luz de las estrellas y uno queriendo repensarse la vida entera aprovechando la soledad y el aislamiento pa terminar cachando que lo que hacía falta era precisamente eso: desconectarse y dejar de pensar en solucionar los problemas...!
Me gusta esa arrogancia de la vida en el verano: hasta el mar muestra sus mejores colores: sus blancos más espumosos y sus verdes más esmeraldas; me gusta que la gente cambie, se exceda y se haga tatuajes falsos de henna (picantes las weas…), se ponga aros por todos lados y le compre pulseras y collares a los hippies; me gusta ese sabor a cacería de aventuras, ese florecimiento vital-sensual que trae consigo y que arde con intensidad, y que se quema rápidamente como el pasto de primavera bajo el sol en el estío…el olor del aceite de coco me enciende y me hace respirar profundo y ronco, el mar me llama a correr y abrazarnos y a deslizarme de guata encima de una tabla de plástico (lo más parecido a una alfombra mágica); me gusta correr en bicicleta y mirar a la gente, a los niños en la playa, a los jóvenes repitiendo los mismos gestos, la dulce guerra de los amores en las miradas, poner todos los músculos en tensión, sentir el cuerpo, la fuerza, la vida!...Y llamar por teléfono para compartirlo con los otros y ponerse al día, aprovechando, hacer balances del año recién terminado y votos de esperanza y voluntad para el que empieza…aunque si uno lo piensa fríamente, el mundo está como el pico, pero igual, qué más da: no por eso no nos vamos a reír; ¿Qué más parecido a una fiesta interminable, a una celebración de la vida?. Me gusta por que la música es la reina también, y a mi me gusta la música.
Se supone que debería estar trabajando en un artículo sobre los problemas del mundo contemporáneo y estoy escribiendo weas en el blog…en fin, iba a escribir y me salió esto. Creo que lo tenía atravesado hace días; ya, me pongo serio y a la pala.

jueves, septiembre 29, 2005

Petición de una colegiala a un difunto



Cachen esta: la encontré en una vieja tumba del cementerio número 1 de Rancagua (como de principios del S XX), que, no sé por qué extraña razón, se ha convertido en una popular animita objeto de la devoción y peticiones de estudiantes espinilludos y colegialas loly-pop. Le tienen toda la tumba rayá al finao, y le piden puras leseras; oigan (transcrito literalmente, con faltas y todo):

"Hola Tito como estas te quiero pedir que me ayudes con mi amor Jorge Pérez que lo amo con todo mi corazón yo soy Caren Quezada, También te pido ser super rica, tener el físico lindo y cuando grande ser profesional y tener un auto de carreras quiero que el Jorge Pérez me ame y que pololiemos y seamos felices juntos. Esto te pido que se cumpla pronto no más de un mes.
Ahora te voy a dejar un pañuelo mío y lo voy a poner en tu tumba. Muchas gracias yo confío en ti. Chao de Caren Quezada."

¡El medio negocio!: todo eso a cambio de un pañuelo; no quiere nada la minita. El amor, la vanidad y la ambición deliciosamente ocultos bajo la faldita a cuadros o entre los cuadernos en la mochila...Lo que me da más risa es que, inconsciente de lo superfluo de su petición más encima le pone la máquina: "un mes", nada más le da para que le cumpla el manso encargo: el amor y la felicidad!¡Bendita inocencia!...oye, y ojo: no cualquier auto, quiere uno DE CARRERAS. Eso es lo que yo llamo altura de miras...

domingo, septiembre 25, 2005

Miedo


El año antepasado, mientras atravesaba por un período de muchos problemas, estuve pegado leyendo a Anais Nin. Me encantó la mina, aunque tras leer tres libros suyos me quedó claro que era re enrollada; pero de esa época y esas lecturas quedaron un montón de pasajes que me parecieron notables, y que me enseñaron o me confirmaron cosas que ya sabía sobre los seres humanos y sobre mí mismo. Aquí`reproduzco un párrafo que ella cita de una carta que le enviara Henry Miller, el escritor norteamericano con quien sostuvo una relación de amante y un nutrido intercambio epistolar y espiritual. Es sobre el miedo, a propósito de ciertas conversaciones recurrentes sostenidas con mi amiga.

"Creo, si es que hemos aprendido algo de tantísimas experiencias, que la mayor victoria del hombre es su conquista del miedo. Pocos dejamos de darnos cuenta de lo poderoso y dominante que es el miedo. Es el miedo el que hace tan dramáticas nuestras vidas, y principalmente el miedo a uno mismo. A esta clase de miedo, sin nombre, indescifrable, incalificable, debo la terrible imagen de mi vida con June. Miedo a perderla, miedo a estar solo, miedo a combatir el mundo, miedo de todo. Y el día en que descubrí que ella no podía aterrorizarme más, me convertí en un hombre libre, en un individuo por derecho propio, aunque ocurriera en un momento, a los ojos del mundo, en que yo era el más triste especímen de hombre que se pueda imaginar. Pero ¿quién sabe la fuerza que sentí en mis huesos?¿Quién sabe que debajo de mi apariencia miserable y desaseada había un alma poderosa?..."

La Fabiana Cantilo canta en una canción compuesta por Fito Páez (con esa voz dulce de hembra ardiente que tiene):
"...si al final abrazarse al dolor no nos deja brillar...
el azar nos permite cambiar nuestro incierto destino
el dolor que nos puede vencer sin mirar más allá
yo creo que al final nunca sé donde voy, pero sigo un camino...
Algo ocurrirá, tengo la sensación, una carta marcada, un buen signo del sol
Nada es para siempre..."

Para pensar ¿no?

lunes, septiembre 19, 2005

Fomingo


Hoy fue unos de esos días. Aunque la verdad es que dormí buena parte del día, pues anoche salí y llegué tarde. Fui con Polaf al Playa. Fue entretenido: tomamos fotos y cerveza fría; jugamos cadáver exquisito y nuestros textos respectivos se negaban a encontrarse. Después bailamos un rato. Hoy no me he podido esconder de un sentimiento pegote y difuso que no sé si es nostalgia, melancolía o tristeza ("infinita tristeza"...). Nada serio, pero persistente.Algo de cansancio de vivir, como un exceso acumulado en el corazón. Recuerdo esos versos de Rimbaud (ok, me dio con la poesía...)

Mi triste corazón
está lleno de tabaco
mi triste corazón
babea a popa
¿Qué hacer, oh, corazón robado?
mi corazón

Cuando llega el domingo con su tristeza de calle vacía y silenciosa es bueno tener una familia, amigos. Recuerdo muchos domingos solitarios, con cielos grises o lluviosos, la ciudad invadida por un letargo espeso. Generalmente había carreteado la noche anterior, de manera que el contraste era más fuerte. "Nada nos deja más en soledad que la alegría si se va", dice el Fito Páez en una canción; me hace pleno sentido. Ese tránsito del vértigo, la risa y la euforia a la quietud silenciosa y doméstica dominguera es fuerte y marcado. A lo largo de los años lo he combatido de diversas formas: paseos, la guitarra, las visitas a amigos...pero a veces nada funciona y hay que bancarse las horas grises no más, no queda otra. Asumir y poner a los Carpenters en la radio. Al caer la noche el fomingo pierde su poder y su letargo, pues hay que preparar lo del lunes y todas las noches son iguales, y prendo la tv y agradezco casi con cariño el tono y la sonrisa de aviso comercial del conductor del noticiero: después de todo el mundo ha seguido su marcha y empieza otra semana de aventuras...¡Yipiiiii!¡Se acabó!. Menos mal que no me pilló resfriado y en cama, peor. A todo esto, hoy es lunes, pero feriado fominguero igual no más.

domingo, septiembre 18, 2005

Adán


Henos aquí, al abrigo de todas las miradas y todas las voces...serenos por sabernos solos y sensatos a fuerza de serenidad. Único en mi especie y compartiendo un nicho común con esos seres callados, que he dado en llamar plantas y esa variedad de ánimas que genéricamente he designado con el nombre de animales.
...Nací a la luz, ya no recuerdo cuanto hace. He visto alternarse regularmente las sombras quietas, tachonadas de luces argénteas; y el paso perezoso de eso que parece una naranja resplandeciente, ¡Todo encima de mi cabeza!...y he llamado a la sucesión de sombras, noche, y a la sucesión de naranjas flamígeras llamé días.
No he sufrido lo que se me ha ocurrido llamar "necesidad". Siempre están a mano las aguas cristalinas y los higos jugosos. A veces oigo la voz de aquél a quien no he visto, pero con el cual siento una familiaridad cercana...parece ser el único a quien me asemejo. Habla con una voz cálida, profunda, que me hace pensar en muchas aguas mansas y que me calma cuando me siento inquieto; un metal sonoro que me ha hecho decir una palabra extraña, pero dulce, como la miel de los panales de las abejas del bosque: caricia...paz...al sonido de su voz los latidos de mi corazón se acompasan, y el majestuoso león se llena de sosiego, dócil, y el torpe asno se vuelve mi hermano, al igual que los pájaros, todos los árboles y las piedras a mis pies, vibran pulsados por una potencia bienhechora...la voz del dulce amo y padre, que hizo las naranjas y el agua, y el viento canta en los árboles su saludo agradecido, y estos entonan un murmullo más alto que su conciencia vegetal....

Sobre poesía

Me gusta la poesía. Cuando era niño la poesía se enseñaba mal; se entendía por poesía esas declamaciones recitadas con ademanes sobreactuados y un poco ridículos que ponderaban un patriotismo patriotero y mal entendido también, en las que lo más característico era el uso de la rima (pobre poesía, caricaturizada de esa manera..!). No creo que hoy se enseñe mucho mejor, pero la verdad es que no sé. Hace mucho que salí del colegio, y, la verdad, no me gustaría volver. La poesía se me reveló más tarde como un lenguaje distinto del habitual y más pleno de sentido, un lenguaje que abre un espacio nuevo en lo monocromo del mundo, y yo desde chico he sido adicto a eso. Leí poesía de vez en cuando entonces y busqué, como más tarde me ocurriría con la música de jazz, qué era lo que tenía de especial. Por supuesto, a esa tierna edad los poemas no podían ser sino de amor, y me grabé en el corazón eso de "puedo escribir los versos más tristes esta noche". A eso de los 17 me embriagó y me dejó cautivo de su intensidad cósmica la palabra embrujada de Vicente Huidobro en su Altazor, marejada que me arrastró y me arrojó a los caminos de la vida. Creo que la mayor lección de esta época fue entender que la poesía era una materia caliente y viva, que era una forma de enfrentar la existencia, una actitud vital ("si no hiciera al menos una locura por año me volvería loco..."). Desde esos años ya lejanos he oído otras voces: dulces y desgarradas, angélicas y oscuras, humanas y divinas proferidas por videntes de toda clase con lenguas encendidas, pero lo que más me asombró fue aprender que la poesía fue la primera forma de literatura y ácompañó el nacimiento de la música (las primitivas formas poéticas eran cantadas). Esto implica y confirma que es menos un producto cultural para el consumo y la disección intelectual, que una fuente expresiva primigenia de lo que llamamos naturaleza humana: como el trino de los pájaros o el rugido de los felinos la poesía es canto o bramido humano: es el sonido característico del hombre.
No iba a cerrar esta perorata sin "recitar una poesía", así que aquí va un trío de hai-kus más de mi autoría. No respetan rigurosamente la métrica característica del género, pero filo. Pertenecen a un libro llamado "Días en Oriente", que inventé pero que no existe. Ud. imagínese que existe. No conozco oriente excepto por relatos, libros y fotos, pero así lo imaginé hace años.

Persia de noche
parece
rubíes reducidos a polvo
brasas
de la cobra los ojos
vuelan como la arena.

Otro:
Bagdad en el crepúsculo
besa el desierto rosa
tañe
su silencio de piedra

y el último:
Egipto
piedra sobre piedra
y un río
besa el sueño milenario
de sus reyes.

Eso sería.

jueves, agosto 11, 2005

Un hai-ku que escribí hace años..

El hai-ku es una forma japonesa de poesía que consiste en dos versos escritos seguidos de un tercero que resuelve la sutil tensión creada con el primero y el segundo; al efecto que este último verso debe producir los japoneses lo denominan "satori", que quiere decir "iluminación", nombre apropiado, puesto que en él debe cristalizar el sentido del poema. Los hai-kus siempre tienen esta extensión reducida, y su exponente más representativo es el poeta Matsuo Basho, japonés por supuesto. Weno, la weá es que hace años yo escribí algunos en mis libretitas negras y estos días encontré una y me dije a mi mismo "¡Ostias!, debería publicar este poema tan majo, sobre todo teniendo en cuenta que no ocupa mucho espacio pues es un hai-ku..."; dicho y hecho: me hice caso y aquí está! (salió mucho más larga la introducción y la explicación que la weá misma de poema, pero en fin...)

Medianoche de lunes en otoño
resplandor azulado de pantallas de tv
en las ventanas...

¿Cómo está?. Tiene una estética urbana inspirada por mi querida ciudad: Valparaíso. Lo escribí una noche de mayo mientras cabeceaba ideas en el paseo Atkinson del cerro Alegre. ¿Conocen Valparaíso?. Deberían: es la raja!. O sea, yo lo encuentro la raja. Ya, chao, nos vemos.

jueves, agosto 04, 2005

Descargos

No siento la necesidad de expresarme, que le llaman, y me parece más extraño escribir aquí pa que me lea quien sabe quien,; peor: no imagino que haya personas que gasten su tiempo en husmear estas páginas en vez de andar en bicicleta o ir a la playa o hacer otras cosas, pero por lo que me dice la Cecilia existen y, es más: abundan. Bueh...en ese caso supongo que puede valer la pena como experimento de ocio constructivo y también destructivo cuando la bronca arrecia y uno quisiera contar con una tribuna para putear como Dios manda cuando el caso lo amerita. Hay tanto breva con tribuna en la dictadura mediática de mi chilito que a lo mejor, en una de esas, este puede ser un buen frente de trinchera para materializar esa máxima de Armando Uribe: odio lo que odio y rabio lo que rabio. Y pa conversar y echar la talla también. Quién sabe. Lo mejor es que puede ser un buen cajón pa guardar ideas sueltas. Don Memo nació de la ingeniosa y dicharachera mente del guatón Mauricio, un ex-amigo testigo de Jehová, que de usar "Nos vemos" como frase de despedida o para dar la cortada o simplemente como negativa, derivó por el uso en "Noh memoh" y, finalmente, en "Don memo" sin alterar su significado. Eso, po...Ya sigo. Donmemo.